Ya ves, cuatro días de vacaciones y éste es el primer momento que tengo a la vez tiempo y fuerzas para escribir. Estos días han sido agotadores, llenos de vida familiar, con amigos, de mimos a Iuna, de (des)esperar por noticias del coche, y de intentar descansar. Esto ha sido lo más difícil, ya que entre unas cosas y otras, el tiempo para mí ha sido escasito. De hecho esta tarde ha sido el primer rato que me he dedicado a mí. He dejado a Iuna en casa y me he bajado al centro, a darme un garbeo por los chiringuitos, y no he podido resistir la tentación de comprarme varias cajas de incienso, el único que me gusta cómo huele en casa, un bolso naranja y un cuenco tibetano que tendrá que compartir hueco con los dos que ya tengo en la mesa del salón.
A la vuelta a casa, previo paso por el Pilar (no he entrado, imposible hacerlo), ha llegado la hecatombe; casi a punto de llegar a la parada del bus me he caído. No he tropezado, ni me he resbalado, ni se me han trabado los pies.... sencillamente me he caído. ¿Daño? no demasiado, lo peor se lo ha llevado el amor propio. Imagínate la situación: una de las calles más céntricas de Zaragoza, en plenas fiestas del Pilar, donde no cabía ni un alma más, y voy yo y me caigo. Por lo demás, sólo un par de moratones, dolor de costillas y de espalda, y es que el golpe ha repercutido por todos lados. Sigo sin tener claro que las neuronas estén en su sitio o si siguen de paseo ;-D
Y ya que estamos te cuento la otra "desgracia", y es que el mecánico ya ha llegado a un diagnóstico: además del embrague (era lo primero que me dijo), hay que cambiar la caja de cambios, que es lo que en realidad petó el otro día. Lo del embrague es porque ya está desgastado y por los kilómetros que lleva el coche, poco más aguantaría. Vamos, que ahorros.... adiós!
Y después de llorarte un poquico....
brazos pretos y besicos a puñaos.
No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo.
(Alejandro Dumas )

